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				<journal-title>Letras (Lima)</journal-title>
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				<publisher-name>Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Facultad de Letras y Ciencias Humanas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.30920/letras.92.136.18</article-id>

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					<subject>Reseñas</subject>
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				<article-title>Gargurevich, J. (2017). <italic>La Razón. Crónica del primer diario de izquierda</italic> (3.ª ed.)<italic>.</italic> Lima: La Voz</article-title>
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						<surname>Placencia Camarena</surname>
						<given-names>Stefanno David</given-names>
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					<label>1</label>
					<institution content-type="original">Universidad Privada del Norte, Trujillo, Perú. Contacto: stefannoplacencia@gmail.com</institution>
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   			<year>2021</year>
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			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jul-Dec</season>
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			<volume>92</volume>
			<issue>136</issue>
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			<title>“La Razón” del joven periodista José Carlos Mariátegui</title>
			<p>“El 14 de mayo [de 1919] en la tarde los canillitas recibieron los ejemplares frescos de <italic>La Razón</italic> y se lanzaron a la calle a vocearlo” (<xref ref-type="bibr" rid="B1">p. 75</xref>). Así, al Perú le nacía el primer diario de izquierda, gracias al trabajo en conjunto de José Carlos Mariátegui y César Falcón, conocidos como “la yunta brava”, como asegura el libro <italic>La Razón. Crónica del primer diario de izquierda</italic>, del periodista Juan Gargurevich.</p>
			<p>Gargurevich narra una parte de lo que el mismo Mariátegui llamó su “edad de piedra”, previa a su viaje a Italia, cuando fue deportado sutilmente por el gobierno de Augusto Leguía. En tal sentido, el texto es, sin más, una biografía de tan solo ocho meses, tiempo suficiente y prudente para que el Amauta impulsara, con una entrega 24/7, uno de los diarios que marcaron el panorama periodístico de aquella época.</p>
			<p>El autor enfatiza, en el prólogo a la segunda edición, que fue necesario, por complicaciones que aparecieron, en reducir la etapa juvenil de Mariátegui exclusivamente a su desenvolvimiento como fundador, director y redactor de <italic>La Razón</italic>. Asimismo, recopila los artículos que el Amauta escribió en el periódico que fundara y los ubica al final del libro, como apéndice. Para hacer entretenida la lectura, el libro cuenta con ilustraciones del artista gráfico Carlos Tovar.</p>
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			<title>La razón de un diario</title>
			<p>Luego de haber renunciado a <italic>El Tiempo</italic> a fines de enero de 1919, Mariátegui, con 24 años, se comprometió con Falcón en la creación de un diario. A este proyecto se sumaron “anarquistas puros, anarcosindicalistas, socialistas utópicos, románticos contestatarios” (p. 10). La empresa les demandó unos meses de movimiento donde quemaron pestañas hasta la aparición del primer ejemplar de <italic>La Razón</italic> que arrojó la rotoplana.</p>
			<p>El primer número de <italic>La Razón</italic> traía un artículo llamado “Palabras preliminares”, donde se advertía: “Este diario no sale para servir un transitorio interés electoral. Aspira a conquistar una posición permanente en la prensa peruana y a conquistar dentro de ella personalidad propia” (p. 79). El periódico, a lo largo de su corta existencia, gozó de independencia. Se le acusó de ser aspillaguista; sin embargo, “a todos tocaba y criticaba; [nadie] se libraba de sus punzantes dardos” (p. 82).</p>
			<p>El diario se ubicaba en la calle de la Pileta de la Merced 150, en el Centro de Lima. El local contaba con dos oficinas: una destinada a la administración y la otra a la redacción. A diferencia de la prensa matutina y tradicional, <italic>La Razón</italic> fue un periódico vespertino; salía a las cinco de la tarde, característica que le permitió marcarse como un medio de oposición que comentaba todas las noticias que circulaban en las mañanas.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Mariátegui periodista</title>
			<p>El Amauta se vinculó al periodismo como trabajador manual: fue portapliegos y, luego, ayudante de linotipista. Su talento indiscutible le permitió convertirse en articulista de <italic>La Prensa</italic>, después saltó por tres años a la sala de redacción de <italic>El Tiempo</italic>, donde dio a conocer su columna “Voces” que luego se trasladó a <italic>La Razón</italic> para seguir comentando, con prosa formidable, sobre el acontecer nacional.</p>
			<p>Gargurevich escribe que “el periodismo fue el puente que utilizó Mariátegui para acercarse a la realidad peruana tan poco conocida y estudiada en los años de su juventud” (p. 10). Añade que su pensamiento “es fruto de una experiencia que nace en los días que ingresó, quinceañero, a trabajar en un diario y que evolucionó rápidamente hasta convertirlo en uno de los periodistas más conocidos del país” (p. 9). </p>
			<p>El talento descollante que poseyó el futuro fundador de la Imprenta y Editorial Minerva, en síntesis, se formó en su etapa de periodista en los diarios <italic>La Prensa</italic> y <italic>El Tiempo</italic> como cronista, reportero y columnista. Los textos que escribió para su espacio “Voces” son prueba de que el periodismo y la literatura se entrelazan para narrar los hechos con una imaginación que no altera en lo más mínimo la realidad. </p>
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		<sec>
			<title>Contexto agitado</title>
			<p>El nacimiento de <italic>La Razón</italic> coincide con un contexto agitado. A inicios de 1919 los obreros anarquistas, luego de innumerables protestas, lograron que el gobierno de José Pardo decrete la jornada de las ocho horas. A ello se le agregó que, por el alza de las subsistencias, los paros obreros continuaron. Al mismo tiempo, el movimiento estudiantil exigía una reforma universitaria, especialmente la modernización de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. <italic>La Razón</italic> fue un medio de comunicación que, como ningún otro, se adhirió a las pugnas estudiantiles y obreras de principios del siglo XX.</p>
			<p>Uno de los aspectos interesantes del texto es la aparición de personajes, en ese tiempo muy jóvenes; entre ellos Raúl Porras Barrenechea, dirigente estudiantil del Comité de la Reforma Universitaria. La vanguardia estudiantil que desplegó sus reclamos en las páginas del diario la completaron Edgardo Rebagliati, Jorge Guillermo Leguía, Luis Ernesto Denegri, Guillermo Luna Cartland, Manuel Abastos, entre otros, que después conformaron la generación Centenario. Otro personaje que revive el libro es Víctor Raúl Haya de la Torre, de la Federación de Estudiantes.</p>
			<p>En medio de unas elecciones que apuntaban a ser fraudulentas, la línea editorial del periódico criticó cómo se desarrollaba este proceso y vaticinó lo que vendría. Cuando Leguía se instaló en Palacio de Gobierno, sabía que <italic>La Razón</italic> era el único medio de oposición, desde su engendración, y mantuvo esa tendencia hasta su clausura el viernes 8 de agosto de 1919, luego de haber publicado el editorial titulado “La Patria Nueva: un personal senil y claudicante”, artículo que enojó al entonces presidente de la República. </p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Propuesta narrativa</title>
			<p><italic>La Razón. Crónica del primer diario de izquierda</italic> es un texto que usufructúa herramientas narrativas diversas que se dispersan página tras página. Un claro ejemplo son los diálogos ficcionales que, hábilmente, introduce Gargurevich. Aunque la intención es solo dar a conocer ocho meses de la vida del joven Mariátegui, el autor, por ejemplo, pule una biografía novelada, propuesta innata del periodismo narrativo. </p>
			<p>De esta forma, resulta imposible entender las razones que motivaron al jurado de Casa de las América a quitar el escrito del periodista peruano de la categoría de Literatura para jóvenes. El tribunal del concurso enmendó su desacierto cuando recomendó que el escrito de Juan Gargurevich se imprima con la consigna de difundirlo como texto para los estudiantes, claro está, como pieza de periodismo literario.</p>
			<p>El libro, además, registra una estrategia textual que se enriquece por la inclusión de géneros del periodismo, que van desde notas informativas, pasando por anuncios de terceros hasta las columnas de opinión y los editoriales. El escudriñamiento de las fuentes facilita el empleo correcto del dato y la anécdota, insumos elementales para construir la historia. La crónica del historiador no está únicamente al servicio de un personaje, sino al de la historia del periodismo.</p>
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			<title>Referencias</title>
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				<mixed-citation>Gargurevich, J. (2017). <italic>La Razón. Crónica del primer diario de izquierda</italic> (3.ª ed.). Lima: La Voz</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Gargurevich</surname>
							<given-names>J</given-names>
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					<year>2017</year>
					<source>La Razón. Crónica del primer diario de izquierda</source>
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					<publisher-loc>Lima</publisher-loc>
					<publisher-name>La Voz</publisher-name>
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